No me fio de El País. No me gusta ese tratamiento políticamente correcto del tema de la prostitución que hacen en este artículo al día siguiente de la publicación de las fotos de la Boquería. Por momentos, da la sensación de que están a punto de decir que, a falta de burdeles, les parece normal que se produzcan esas escenas callejeras y que, por mucho que lo intentemos, el Raval no logrará quitarse nunca de encima el estigma del puterío, ya sea en prostíbulos –que, no nos engañemos, han sido también fuente de conflictos- o en la calle.
Tal vez la única ventaja de que estas escenas se produzcan en la calle es que así quedan expuestas a la opinión pública y sirven para dar cuenta de la degradación hacia la que nos estamos deslizando y de la pasmosa permisividad que impera en esta ciudad en unos tiempos en que la gente parece haber perdido todas las referencias morales. Por eso, en mis horas más pesimistas, dudo que la sociedad tenga ya la capacidad de reaccionar.
Con estos argumentos ¿a quien quieren ayudar a encontrar una excusa?. ¿Tal vez al incompetente alcalde?
Todo el artículo destila una moral de resignación y parece que están diciendo: “bueno, ¿qué se le va a hacer? Total, prostitución siempre ha habido; así que mejor que lo hagan en locales, fuera de la vista de la gente. Y los del Raval que no se quejen tanto, que putas siempre han tenido allí y además, pobres chicas. Así que, el que no esté a gusto, que se vaya, si puede. El que no, que se fastidie”.
¡Qué decepción, señores!.
En primer lugar, no hace falta que nos recuerden una y otra vez que el sexo de pago ha existido y existirá siempre, así como también los asesinatos por encargo y el comercio de todo tipo de bienes y servicios, dentro y fuera de la ley. Por favor, les ruego que en lo sucesivo traten de evitar lo del “oficio más viejo del mundo” si no quieren que me ponga a vomitar de inmediato.
Y por favor, Marcela Torres (Àmbit Dona) , te ruego que no insistas con el cuento de la inocencia de las pobres chicas obligadas a prostituirse para sobrevivir, si no quieres que me eche a llorar... de la risa. Todos sabemos que pueden ser muy diversas las razones por las que una mujer -o un hombre- pueden acabar dedicándose a vender su cuerpo y que, entre ellas, no hay que descartar la elección libre y, en ocasiones, un tanto acomodaticia, porque bien es sabido que, para cualquier chica de escasos recursos, las demás alternativas laborales requieren de mucho más esfuerzo. En estos casos, es fácil de entender que, para justificarse, muchas acaben creyéndose su propia historia de chica desamparada. Y te ruego que no me malinterpretes, pues no estoy tratando de generalizar ni de negar la existencia de redes mafiosas que fuerzan a muchas a ejercer la prostitución. ¿Crees que esas redes mafiosas desaparecerían si la prostitución se “legaliza”?
Estas obviedades y falacias repetidas una y otra vez no nos deberían llevar al error de admitir la prostitución como una actividad tolerable –y regulable- en ningún ámbito. A mi modo de ver, esto sería simplemente cinismo. En una sociedad sana, la prostitución debería ser siempre una actividad perseguida, igual que lo son el tráfico de órganos y la explotación infantil, porque en la inmensa mayoría de los casos, a medio o a largo plazo, acaba produciendo un resultado de degradación a su alrededor.
Aunque respeto tu opinión, mucho me temo que la pretensión de “normalizar” el hecho de la prostitución hasta convertirla en una profesión como cualquier otra es una tarea muy difícil de acometer. En todo caso, si bien es una actividad que ha estado presente en toda la historia de la Humanidad y en prácticamente todas las sociedades, esta normalización no se ha llegado a producir y personalmente dudo que la “normalización” que pueda venir tras una posible “legalización” lograse acabar con la explotación de la mujer a manos del hombre y con la estigmatización de esas mujeres por la sociedad.
Siempre cabe la posibilidad de que El País haya sacado tus palabras de contexto. Pero la verdad es que no doy crédito a lo que leo en el parrafo que cierra el artículo. "Hay pancartas pidiendo un barrio más digno. ¿Más digno para quién?", te preguntas.
La respuesta es evidente: para los que no solo no contribuyen a degradar cada vez más el barrio, sino que luchan para arrancar la mala hierba que axfisia sus calles.
VOLEM UN BARRI DIGNE
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jueves, 3 de septiembre de 2009
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